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EDITORIAL
En ocasiones, las conductas de nuestros hijos revelan ciertas
dificultades para mantener la atención y regular su
actividad. Estos comportamientos pueden indicar un Trastorno
por Déficit de Atención. Este número,
nos acerca a las distintas características de la problemática,
a reconocer ciertas conductas asociadas, los métodos
de diagnóstico y tratamiento.
Además conoceremos las distintas alternativas de tratamiento
para un problema que afecta a muchas mujeres: la incontinencia
urinaria.
Y como siempre, tips de alimentación, noticias de medicina
en los diarios, y en la sección Consejos para una Vida
Sana cómo actuar frente a las picaduras de insectos.
Departamento
de Docencia e Investigación
Hospital Privado Centro Médico de Córdoba.
Nota Central:
TRASTORNO POR DÉFICIT DE ATENCIÓN ¿QUÉ
SUCEDE CON MI HIJO QUE SE COMPORTA ASÍ?
En
el consultorio, es frecuente escuchar de los padres expresiones
como: “no se si escucha, a veces me parece que es
sordo, o no escucha bien...”, “es tan
torpe, se lleva las cosas por delante y no se da cuenta...”,
“no le tiene miedo a nada, y eso que ya se cayó
varias veces..., “la maestra dice que vuela,
que todo le llama la atención y no termina de copiar
las tareas”.
Pero, como en un iceberg del que solo vemos una pequeña
parte, estas conductas significan algo más. Para conocer
por qué suceden, qué nos quieren decir, qué
significan, por qué se desarrollan así, debemos
estudiar lo que no se ve. Aquello que, al igual que en el
iceberg, se encuentra por debajo del agua...
Conozcamos
el problema. ¿Es frecuente?
Un alto porcentaje de las consultas que los padres realizan
diariamente, se encuentran contempladas en las características
antes mencionadas.
En
forma conservadora, se estima que entre un 3% y un 7% de los
niños en edad escolar padecen estos problemas, y con
mayor prevalencia en varones: se da 3 veces más que
en las niñas.
Con estos datos se puede afirmar, por ejemplo, que dependiendo
del número de alumnos en el aula y de la composición
de sexos, entre 1 y 2 niños tendrán estas características.
Sin embargo, la intensidad y forma de los síntomas
puede variar en cada caso.
Llamemos
a las cosas por su nombre
Cuando un niño o un adulto presenta:
• Inatención: Dificultades en
el rendimiento atencional
• Hiperactividad: Dificultades en regular
el nivel de actividad
• Impulsividad: Dificultades en el
control de los impulsos
Decimos
que el paciente posee Trastorno por déficit
de atención (TDA), es decir, las fallas en
atención- concentración siempre están
presente y pueden ir acompañadas o no de hiperactividad-Impulsividad
(TDAH)
¿Cuál
es el origen?
El TDA es considerado un trastorno neurobiológico innato,
con una carga genética importante (generalmente uno
de los padres tiene características parecidas o iguales)
y que afecta de forma variada y persistente la vida de quienes
lo padecen.
Toda la evidencia científica apunta hacia la conclusión
de que los niños a los que correctamente se les diagnostica
TDAH presentan diferencias muy sutiles en sus cerebros. Esto
se da justamente en el módulo cerebral responsable
de las funciones ejecutivas: organizar, planificar, establecer
un nivel apropiado de alerta, tener una adecuada memoria de
trabajo y regular los estados emocionales.
Hasta el momento, no hay estudios de laboratorio disponibles
para realizar el diagnóstico con un mínimo de
precisión. Y las radiografías, análisis
de sangre, electroencefalogramas comunes o computados, ni
los modernos estudios por imágenes como tomografías
y resonancias magnéticas no resultan de gran utilidad.
Estos estudios son orientativos pero no determinantes. La
mayoría de los niños presentan electroencefalogramas
u otros estudios normales, pero clínicamente poseen
el conjunto de sintomatología del trastorno Desatención
–Hiperactividad –Impulsividad.
Esto
quiere decir que el diagnóstico es clínico y
es realizado por un Neurólogo. El trabajo de este médico
es complementado por el Psicólogo y los aportes de
los padres y maestros.
¿Qué más
es importante conocer?
Hay otras conductas en los niños que observamos a diario
y que, si bien no se utilizan para el diagnóstico,
nos ayudan a comprenderlo mejor. Entre estas conductas encontramos:
• Dificultad para acatar ordenes.
• Comportamiento hostil
• Auto y heteroagresión
• Caprichos, llantos
• Deficiencias en el control de las emociones
• Mucho esfuerzo, pocos resultados
• Problemas de autoestima
• Dificultad para acatar normas o reglas sociales
El
T.D.A./H afecta a personas de todas las edades pero, a medida
que el niño crece, las características del trastorno
van cambiando.
Por
ejemplo, la hiperactividad de grandes movimientos de los primeros
años, se reduce lentamente hasta convertirse en inquietud
o en sensación de desasosiego en el púber.
La
impulsividad, tan evidente en reacciones abruptas, arrebatos
e interrupciones, puede presentarse en manifestaciones más
leves como la impaciencia o la dificultad para tolerar tiempos
de espera.
Por el contrario, los signos de inatención tienden
a ser permanentes y se magnifican con la edad. Esto se debe
a que aumenta la demanda ambiental sobre las capacidades atencionales
del paciente.
En
la adolescencia tardía y en el adulto puede ser diagnosticado
en forma certera
¿Tiene
tratamiento? ¿Cómo puedo ayudar?
La Psicología Cognitiva ha propuesto la hipótesis
de que estos pacientes tendrían una insuficiencia perceptiva
para reconocer claves sociales, tanto visuales como verbales.
Este déficit provocaría la desadaptación
social y reacciones conductuales inadecuadas.
Mientras tanto, la perspectiva de maestros y compañeros
apunta a vincular la menor competencia académica de
los niños con T.D.A. a una menor interacción
social, una menor aceptación y un mayor rechazo por
parte de sus compañeros.
Estos factores pueden aumentar o disminuir según las
actitudes familiares y/o pedagógicas que se adopten,
es decir, según el tratamiento. Al hablar de este tema,
una de las preguntas frecuentes es medicar ¿si o no?,
pero la medicación sola proporciona una solución
parcial.
La
complejidad social, neurológica y psicológica
de de este problema hace necesario abordarlo con un criterio
interdisciplinario. De esta manera, el tratamiento a realizar
es mixto, requiere apoyo Psicológico y de medicamentos,
sólo si el médico así lo determina.
Aquí lo importante es modificar la conducta para que
el paciente pueda organizarse y lograr nuevas adquisiciones.

Hay
mucho por hacer, pero el primer paso es realizar la consulta
para confirmar el diagnóstico primero y planificar
el tratamiento después.
En esta etapa, es importante acompañar a los padres
de manera individual o en grupo. Esta última alternativa
es más exitosa, ya que permite intercambiar experiencias,
soluciones y nos enseña que los padres no están
solos, porque siempre hay profesionales para ayudarlos.
Lic.
María Susana Atena
Servicio de Psiquiatría y Psicología
Área Pediátrica - Hospital Privado
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