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EDITORIAL
En esta edición de Vida Sana indagaremos
acerca de la relación entre la demencia y los trastornos
de memoria, cuáles son sus causas más comunes
en las distintas edades, sus formas de diagnóstico
y tratamiento.
Conoceremos
también cómo se desarrolla este problema en
la enfermedad de Alzheimer, la demencia degenerativa primaria
más frecuente en ancianos.
En la sección Pregunte a su Médico,
el Servicio de Diabetes y Nutrición nos cuenta qué
es el pie diabético, cuales son sus causas y de qué
manera prevenir esta severa complicación.
Finalmente, profesionales del Servicio de Ginecología
y Obstetricia nos enseñan la importancia del autoexamen
de mama y cómo realizarlo correctamente.
Departamento
de Docencia e Investigación
Hospital Privado Centro Médico de Córdoba.
Nota Central:
TRASTORNO DE MEMORIA: SU ENFOQUE DESDE LA PRÁCTICA
CLÍNICA
Los
problemas de memoria son una queja frecuente en la población
general de todas las edades, aunque principalmente en los
adultos mayores. El diagnóstico temprano es esencial
para su efectivo control.
La demencia, patología en la que se afecta la memoria,
es un síndrome caracterizado por una declinación
de la función intelectual lo suficientemente severa
como para interferir en la vida diaria. En este cuadro, más
de un área cognitiva se ve afectada produciendo un
impacto funcional en las actividades cotidianas, asociando
con frecuencia trastornos conductuales.
Causas
más comunes de demencia
-
En la tercera edad (pacientes mayores de 65 años):
enfermedad de Alzheimer, demencia vascular, demencia por Cuerpos
de Lewy.
-
En pacientes más jóvenes (hasta 65 años
de edad): enfermedad de Alzheimer (aparecen causas genéticas),
demencia vascular, demencia frontotemporal, enfermedad de
Huntington.
Además,
existen varias condiciones tratables que pueden causar demencia.
Entre ellas se encuentran:
•
Hidrocefalia a presión normal
• Tumores cerebrales
• Infecciones cerebrales
• Hematoma subdural
• Hipotiroidismo
• Infecciones como VIH o sífilis
• Abuso de alcohol (deficiencia de vitamina B12)
• Hipoxia crónica (por apnea obstructiva crónica
o enfermedad neuromuscular)
• Trastornos metabólicos o endocrinos
• Depresión
La
última, es la causa más común de trastornos
cognitivos tratables. Los cuadros depresivos generan un impacto
negativo en el rendimiento cognitivo y pueden representar
tanto un antecedente como un factor de riesgo para la aparición
de procesos neurodegenerativos.
Enfermedad
de Alzheimer
Esta enfermedad constituye la demencia degenerativa primaria
más frecuente entre los ancianos: es el diagnóstico
del 50 a 60% de los casos de pacientes con demencias.
La edad es el factor de riesgo más importante, ya que
con frecuencia crece exponencialmente entre los 65 y 85 años.
En cuanto al género, el sexo femenino presenta una
mayor prevalencia, aunque probablemente esto se deba a una
mayor expectativa de vida en la mujer.
En relación con la historia familiar, los individuos
que tienen parientes de primer grado con enfermedad de Alzheimer,
presentan cuatro veces más probabilidades de desarrollar
la enfermedad. Los antecedentes de traumatismo de cráneo,
bajo nivel educacional, síndrome de Down y factores
genéticos, se mencionan como factores adicionales.
La enfermedad de Alzheimer muestra una amplia heterogeneidad
de síntomas cognitivos y conductuales, reduciendo progresivamente
el desempeño y la autonomía para las actividades
de la vida diaria.
En la mayoría de los casos, el comienzo es insidioso
después de los 60 años, siendo la pérdida
de memoria el síntoma principal. Los pacientes son
incapaces de almacenar nueva información, olvidan acontecimientos
recientes y nombres o detalles de una conversación,
con dificultad para “encontrar las palabras”.
Inicialmente se afecta la memoria reciente, aunque progresivamente
se altera la memoria remota al igual que la memoria visual,
espacial y verbal. Los trastornos en la esfera visuo-espacial
reducen aún más la capacidad funcional del paciente.
Con frecuencia aparecen episodios de desorientación
espacial, inicialmente en lugares públicos menos conocidos
y posteriormente en lugares conocidos como la propia casa.
En un estadío intermedio aparecen alteraciones en el
reconocimiento de símbolos (por ejemplo el dinero),
objetos e incluso rostros de personas conocidas. En esta etapa
ocurren dificultades para actividades básicas de la
vida diaria como el uso del baño, la selección
y uso adecuado de la ropa, la utilización de los cubiertos
o el realizar adecuadamente la higiene personal.
Los trastornos conductuales ocurren en más del 80%
de los pacientes, y si bien pueden estar presentes desde el
comienzo de la enfermedad, suelen complicar su evolución
a partir de estadíos intermedios. Estos estadíos
son frecuentemente el motivo de institucionalización
por implicar una mayor sobrecarga para cuidadores y familiares.
La depresión ocurre en alrededor del 50% de los casos
y puede preceder durante algunos años a las manifestaciones
cognitivas.
Diagnóstico
En la actualidad, para realizar el diagnóstico de enfermedad
de Alzheimer y otras demencias, es necesario combinar los
datos del cuadro clínico con el resultado de los estudios
complementarios: evaluación neurocognitiva, exámenes
de laboratorio y neuroimágenes.
El objetivo es determinar si se trata de una demencia en estadío
inicial o simplemente de alteraciones cognitivas en el contexto
de otra patología como por ejemplo, hipotiroidismo
o depresión.
Tratamiento
El tratamiento consta de dos pilares fundamentales: el farmacológico
y la estimulación cognitiva.
Desde el punto de vista farmacológico, se utilizan
medicamentos que actúan a nivel de la esfera cognitiva
e incluyen inhibidores de la acetilcolinesterasa (donepecilo,
rivastigmina, galantamina) y los moduladores glutaminérgicos
(memantina), indicándose en los casos necesarios, antipsicóticos
o antidepresivos para el control de los síntomas conductuales.
Por su parte, la estimulación cognitiva consiste en
un programa de rehabilitación con talleres de memoria
grupales o actividades individuales de acuerdo a las necesidades
de cada paciente. Los objetivos de la estimulación
cognitiva son:
• Recuperar el mayor grado de autonomía y mejorar
la calidad de vida del paciente, manteniendo las capacidades
indemnes y reeducando las funciones deficitarias.
• Promover y facilitar el mantenimiento del paciente
en el entorno familiar.
• Aliviar a los cuidadores en la atención permanente
del paciente, así como proporcionar información
en los distintos aspectos de su cuidado (actividades de la
vida diaria, recursos socio-sanitarios, aspectos legales,
etc).
Un
diagnóstico acertado es fundamental en estos cuadros
para un correcto tratamiento y eventual curación. En
aquellas situaciones donde el cuadro es irreversible, la prevención
de un deterioro rápidamente progresivo y la optimización
del funcionamiento remanente son objetivos importantes del
tratamiento, siendo fundamental en el plan terapéutico
la contención y educación del paciente y su
familia
Dra. Natacha Brochero
Servicio de Neurología. Hospital Privado
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